¿Esperanza? No gracias, somos racionales, medidos. Es mejor ir con cuidado, desconfiando, minimizando cualquier posibilidad, somos adultos, serios y responsables.
Los detractores de la esperanza son personas que por diversos motivos buscan eliminar cualquier mirada de expectativas superadoras de la realidad que uno tenga.
Se preocupan tanto por un pequeño sueño como por aquellos sueños milagrosos que explotan en el alma. Siempre en búsqueda de ser “realistas”, claro.
Podemos encontrar muchos de ellos en la comunidad médica, sospeché durante un tiempo si no era parte de su formación académica aprender a sofocar cualquier halo de esperanza que puedan observar, avalados por estadísticas, nombres científicos y palabras desconocidas.
También los encontramos en profesionales que irónicamente trabajan por “cambiar” la realidad de nuestros hijos (pero aparentemente solo lo necesario).
Los hay en muchos círculos sociales, y a veces también los encontramos en nuestra familia, incluso en personas muy cercanas que buscan “cuidarnos” de futuras frustraciones.
Luego de un tiempo de dudar, e incluso a veces dejarme llevar por estas corrientes, aprendí que esa esperanza tan temida por algunos era lo que me hacía más fuerte, de hecho durante un tiempo fue el único combustible que me permitía levantarme cada día.
Poco a poco aprendí a no permitir que nadie pueda socavar ni una pizca de mi esperanza e incluso a hacerla más fuerte y más fuerte, con el tiempo la esperanza se convirtió en sueños que me dieron la energía para cambiar mi presente y celebrar cada paso. Para aquellos que no conocen su poder, lo importante de la esperanza y los sueños no es cumplirlos, ya que hay sueños que seguirán toda nuestra vida, lo importante es que nos brindan energía, alegría, música y colores a la vida, nos permiten ensanchar y disfrutar de maneras nuevas el camino.
No permitas que los realistas destruyan tus sueños. Solo los soñadores transforman lo imposible en posible y crean su vida de nuevas maneras.
Sole Junquera